Mirar con inocencia. Alfonso Chase. Editorial Costa Rica. 1975. Ilustraciones de Hugo Díaz.

Mirar con inocencia: Cuentos de Alfonso Chase

Carlos Arroyo – Mis Libros con Notas

Alfonso Chase tenía poco más de veinte años de edad cuando, en 1966, publicó “Los reinos de mi mundo”, su primer libro de poesía. Al año siguiente debutó como novelista con “Los juegos furtivos” y en 1975 apareció su libro de cuentos “Mirar con inocencia”. Escritor incansable desde entonces, ha publicado también ensayos e investigaciones históricas, ha compilado numerosas antologías y ha sido colaborador habitual de distintos periódicos y revistas.

Como su obra, además de vasta, es diversa, resulta difícil emitir sobre ella una valoración de conjunto. Cada uno de sus libros es muy distinto a los otros. Todos, sin embargo, tienen en común el haber sido de alguna manera provocadores y audaces. No hay una sola página escrita por Alfonso que pueda leerse sin al menos un sobresalto. Cuando se pone sentimental, ubica en el lugar preciso la gota de humor y cuando asume un tono doctoral suelta oportunamente algún dato sorpresivo o una de sus famosas afirmaciones tajantes.

Mirar con inocencia, su primer libro de cuentos tuvo una edición modesta pero masiva. En aquellos años, los libros de la Editorial Costa Rica eran de papel periódico con tapa de cartulina, pero los tirajes eran de miles de ejemplares que se distribuían por todo el país y se vendían a precios accesibles.

En su momento, el libro sorprendió por su audacia y, a pesar de los años transcurridos, estas narraciones no han perdido su frescura. Apareció en una época que, más que de cambio, fue de ruptura. Las diferencias de los jóvenes con la generación de sus padres eran notorias en la música y el vestir, pero iba más allá. Había un ansia de renovación, un deseo de replantear las prioridades de la vida. La juventud fue rebelde y desafiante más que nunca en la década de los sesenta y setenta. La moda hippie, con su consumo de drogas y su práctica de amor libre, así como el eco de los acontecimientos de mayo de 1968 en París o de la tragedia de la plaza de Tlatelolco, en México, en octubre del mismo año, marcaron fuertemente tanto la mente como las emociones de los jóvenes de aquella época.

La ciudad de San José, capital de Costa Rica, ya no era para ese entonces el bucólico pueblón en donde bastaba alejarse solamente un par de cuadras del parque central para encontrar gallinas picoteando en el polvo.  A la literatura costarricense, que tanto se había ocupado en señalar el contraste entre el campo y la ciudad, le había llegado la hora de ocuparse de sus personajes urbanos. Mirar con inocencia es un libro de cuentos en que no hay cafetales, ni trapiches, ni carretas de bueyes, sino pequeños y grandes dramas, de sabor agridulce, que ocurren, en la mayoría de los casos, entre cuatro paredes.

Aparecen, entre otros, un joven que vive en onda, una doñita que perdió la razón, un ladrón de bicicletas al que le fue concedido un milagro, dos monjitas dispuestas a tomar la justicia en sus manos, un pobre hombre arrestado sin motivo e interrogado brutalmente, así como uno que otro que es delincuente o pachuco. Todos ellos, algunos entusiasmados y otros aterrorizados por los cambios, viven en un mundo que se transforma abruptamente. Pero, aunque es un libro de un autor joven que escribe en código joven, Mirar con inocencia es mucho más que un documento de época.

Cada cuento tiene su particular encanto, muchos de ellos están escritos con elevado lirismo y algunos son verdaderas obras maestras. En Los relojes, una familia sufre la humillación de un embargo. Los ejecutores registran la casa, amontonan los objetos de valor y hacen una lista con precios estimados hasta completar el total del monto a cobrar. Deciden llevarse los muebles de la sala, la refrigeradora y hasta los colchones. Los libros ni los vuelven a ver, porque no valen. Y al final de ese día amargo y tenso, es el niño pequeño quien, por iniciativa propia, encuentra la forma de salvar lo verdaderamente importante y logra devolver la sonrisa a los rostros todavía llorosos de sus familiares.

En este libro, además, está el formidable monólogo Con la música por dentro, en que una mujer, sufrida pero alegre, vive sin complicaciones y se conforma con poco porque no necesita mucho para estar contenta. Su historia es triste: fue abusada desde niña, su compañero se atrevió a golpearla y, por necesidad, aparte de vender lotería, debe prostituirse ocasionalmente. Fue operada en sueños por el Dr. Ricardo Moreno Cañas, consulta de vez en cuando a un adivino y, como de alguna forma ha adquirido lo que llaman conciencia de clase, se ha vuelto rojilla y desfila con sus güilas el primero de mayo. Insolente, supersticiosa, religiosa y politiquera es una buena madre y una esforzada trabajadora que, pese a haber tenido una vida difícil, nunca se ha dejado vencer por la amargura. Basta un chop sui en un restaurante chino, un par de tragos, una bailadita o un paseo en tren al puerto para que ella, que nació con la música por dentro, se convenza que la vida es bella. En este cuento, además de haber realizado un amplio retrato sociológico, Alfonso ha creado un personaje verdaderamente inolvidable.

El libro encierra muchos otros detalles que, vistos con la distancia que dan los años, resultan sorprendentes. «La orden de los iluminados», que se ha convertido en personaje infaltable en las teorías de conspiración que tanto circulan actualmente, se menciona en uno de los cuentos.  Por otra parte, mucho antes de que se pusieran de moda, el libro incluye varias páginas de microrrelatos.

Alfonso Chase Brenes. Poeta, novelista, cuentista y ensayista costarricense.

Es siempre injusto etiquetar a un autor por una sola de sus obras. Alfonso Chase ha publicado tantos libros entre novelas, cuentos, poemas y ensayos, que, en su caso, pretender asociar su figura de escritor a solamente uno de ellos sería, más que una injusticia, una temeridad. Tengo claro que Alfonso, por su amplia obra, es mucho más que el joven autor de Mirar con inocencia pero, al menos en mi opinión muy personal como lector, este es el libro suyo por el que estoy más agradecido.

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