León Cortés y su época. Carlos Calvo Gamboa. EUNED. Costa Rica. 1982.

El controversial presidente León Cortés Castro

Carlos Arroyo – Mis Libros con Notas

En 1917, primer año de la dictadura de Federico Tinoco, el gobernador y comandante de plaza de Alajuela cometía tantos abusos de autoridad y excesos de violencia, que el propio Joaquín Tinoco, ministro de Guerra que lo había nombrado en el cargo, debió enviarle un telegrama ordenándole que procediera con cautela, ya que sus acciones le estaban creando antipatías al gobierno.

Como los arrestos, palizas y registros de domicilios y comercios continuaron, los hermanos Tinoco acabaron removiéndolo del cargo.

Con apenas treinta y cinco años, León Cortés Castro, el comandante destituido, ya se había dado a conocer por su carácter hosco, su temperamento autoritario y la severidad con que disciplinaba a cualquiera que considerara bajo su autoridad. Primogénito de los seis hijos del Dr. Roberto Cortés Cortés y de doña Fidelina Castro Ruiz, había nacido en Llano Grande de Alajuela el 8 de diciembre de 1882. Su padre era colombiano y, durante sus estudios de medicina en Alemania, había sido compañero del médico costarricense Pánfilo Valverde, quien lo invitó a pasar una temporada en Costa Rica. Durante la visita, que se suponía iba ser breve, el Dr. Cortés conoció a quien sería su esposa, contrajo matrimonio y se radicó definitivamente en el país.

Tal parece que la familia gozaba de buenas relaciones sociales, puesto que el presidente Bernardo Soto y su esposa, doña Pacífica Fernández Guardia, fueron los padrinos de bautizo de León Cortés.

Aunque el sueño de juventud de León Cortés era convertirse en médico, como su padre, no le fue posible alcanzarlo. En Costa Rica no se impartía la carrera de medicina y su familia no disponía de recursos suficientes como para costearle estudios en el exterior. Además, por razones que no conocemos, tuvo cierta demora en obtener el bachillerato. Se graduó de bachiller en 1902 en el Colegio San Luis Gonzaga de Cartago, cuando ya contaba con veinte años de edad, mientras que lo normal, en aquel tiempo, era ser bachiller poco después de los quince.

Trabajó como maestro de primaria y fue director de la escuela de Grecia. En 1905, contrajo matrimonio con Julia Fernández Rodríguez, con quien tuvo dos hijos: Otto y Javier.

Ya casado, inició sus estudios de Derecho que también se prolongaron más de lo normal. Se graduó como abogado en 1916.

Su carrera política, que había iniciado como munícipe, iba en ascenso. Fue diputado tres veces. La primera de 1914 a 1917, en que fue un severo opositor al gobierno de Alfredo González Flores. Tras su tristemente célebre paso por la comandancia de Alajuela, volvió al Congreso de 1922 a 1926 y fue reelecto para el período siguiente, de 1926 a1932.

De 1925 a 1926, fue presidente del Congreso y los diputados sufrieron, aunque no tanto como los alajuelenses, su temperamento autoritario y enérgico. Trataba a los legisladores como niños de escuela y controlaba hasta extremos obsesivos los menores detalles del funcionamiento del plenario. El poder legislativo está compuesto por representantes electos por el pueblo que sostienen distintas posiciones. Es natural que haya desacuerdos y el Presidente del Congreso debe ser quien facilite la discusión y les garantice a todos su derecho a ser escuchados. Con caballerosidad, cortesía y gentileza, eso era lo que hacía don Arturo Volio Jiménez, quien presidió el Congreso de 1920 a 1925, por lo que, tras el único año de León Cortés en el cargo, los congresistas volvieron a poner a don Arturo al frente del Congreso de 1926 a 1929.

A pesar de sus maneras bruscas, sus discursos violentos y su actitud autoritaria, León Cortés llegó a gozar de buena fama como hombre honesto, trabajador y eficiente.  Fue Secretario de Fomento de don Cleto González Víquez y de don Ricardo Jiménez Oreamuno, cargo en el que demostró su capacidad para ejecutar obras de infraestructura sin que se perdiera ni un minuto ni un centavo.

En 1932, León Cortés mostró interés por llegar a la presidencia de la República, pero su candidatura no prosperó. Tres años más tarde, cuando ya parecía tener posibilidades reales de alcanzar el poder, cundió la alarma. El 21 de junio de 1935, el Dr. Ricardo Moreno Cañas, el poeta Rogelio Sotela, don Carlos María Jiménez Ortiz y el expresidente Alfredo González Flores, convocaron y encabezaron una manifestación para impedir que «se entronice un régimen tiránico en Costa Rica.»

Las elecciones de 1936 fueron las primeras en que participó el partido comunista que, originalmente inscribió la candidatura de Manuel Mora Valverde, pero como la Constitución exige que para ser presidente se deben tener treinta años cumplidos y don Manuel solamente tenía veintiséis, debió ser sustituido por Carlos Luis Sáenz. La vieja guardia liberal lanzó la candidatura de Octavio Beeche, presidente de la Corte Suprema de Justicia, pero no logró detener el triunfo de León Cortés Castro, quien ganó la presidencia con amplio margen de ventaja.

El gobierno de León Cortés se distinguió por realizar numerosas obras de infraestructura, entre las que destacan el aeropuerto de La Sabana y el balneario de Ojo de Agua, así como numerosos edificios municipales y escuelas. Se decía que su administración era de cemento y varilla, no solo por las construcciones, sino por el rígido estilo autoritario que lo caracterizaba. Los empleados públicos, incluso los de alto nivel, sabían que contradecirlo o mostrar el más mínimo desacuerdo con él, significaba el despido inmediato.

Además de inflexible, don León era desconfiado. Colocó a sus hermanos, cuñados, sobrinos e hijos en puestos clave del gobierno. En su afán por tener el país bajo su control, llegó hasta a quebrantar la legislación vigente. En las elecciones de medio periodo de 1938, destituyó a los miembros del Consejo Electoral y anuló la elección de Carlos Luis Sáenz como diputado. Persiguió a don Joaquín García Monge por haberse atrevido a publicar, en el Repertorio Americano, artículos antifascistas. También intentó cerrar el diario La Tribuna, de don José María Pinaud. En un desplante de bravuconería, cuando dejó la presidencia, retó al Sr. Pinaud a enfrentarse con él en otro terreno, pero el periodista, muy elegantemente, le respondió que él criticó a León Cortés como presidente, pero no tenía nada personal contra León Cortés como ciudadano.

En 1937, el buque de guerra alemán Schleswing visitó Costa Rica. La bandera nazi con la esvástica ondeó junto al pabellón tricolor y los marinos presentaron armas al presidente Cortés en una parada militar frente al Monumento Nacional. Los jóvenes comunistas que protestaron fueron encarcelados. Apenas un año antes, su hijo Otto había estado presente en los juegos olímpicos de Berlín de 1936 y, por carta, le había manifestado a su padre los progresos que había logrado Alemania bajo el control severo de Adolfo Hitler.  Aquellas olimpiadas, por cierto, fueron las primeras en que participó un costarricense, ya que Bernardo de la Guardia compitió en esgrima.

A petición de la Embajada Alemana, León Cortés prohibió la proyección de películas que pudieran perjudicar la imagen de la Alemania Nazi, pero cuando el Sr. Enrique Yankelewitz le llamó la atención sobre el aumento de publicaciones antisemitas en los periódicos, el presidente le respondió que nada podía hacer porque eso iría contra la libertad de prensa.

Prohibió las reuniones del partido comunista y quiso además impedir que circularan publicaciones comunistas por correo. Entre los opositores a esta medida, además de los líderes de izquierda, destacaron los periodistas Joaquín Vargas Coto y Otilio Ulate Blanco, el escritor Mario Sancho y hasta el padre Rosendo Valenciano. A liberales, conservadores y católicos les preocupaba que se creara un organismo que tuviera la autoridad de decidir cuáles publicaciones podían circular y cuáles no. La libertad de reunión, por otra parte, era un derecho constitucional.

Pese a la resistencia general, la mano dura se hizo sentir. Cuando, en agosto de 1939, invitó al General Anastasio Somoza García a visitar Costa Rica, tomó medidas para que no hubiera protestas ni en las calles, ni en las páginas de los periódicos, ni en las emisoras de radio.

Una actuación suya verdaderamente inexplicable fue haber interrogado personalmente a Beltrán Cortés, asesino de su adversario político el Dr. Ricardo Moreno Cañas, la misma noche de los hechos.

En la memoria de Gobernación de 1936, aparece la afirmación de que los judíos son propagadores del socialismo y se propone restringir su ingreso al país. Quizá sin conocer el dato, una organización humanitaria de Estados Unidos, Refugee Economic Corporation, propuso al gobierno costarricense, en 1937, un proyecto para ubicar en Costa Rica mil quinientas familias judías procedentes de Alemania. La iniciativa no le costaría ni un centavo al país, más bien la organización estaba dispuesta a pagar lo que le pidieran y a comprar la finca Tenorio para crear allí una colonia. La respuesta no solo fue negativa, sino que, en 1939, el gobierno ordenó la salida de todos los judíos procedentes de Alemania y Austria que estuvieran en Costa Rica, a quienes les recomendaba trasladarse a Bolivia, país que no exigía requisitos para su ingreso.

La firma de don Manuel Francisco Jiménez Ortiz, ministro de Relaciones Exteriores, en un documento continental a favor de la democracia y en contra de las dictaduras, le costó el puesto.

El período presidencial de León Cortés terminó en mayo de 1940. La elección de su sucesor, el Dr. Rafael Angel Calderón Guardia, fue apoyada por Cortés, pero no tardaron en aparecer las diferencias. Para empezar, en diciembre de 1941, tras el ataque a Pearl Harbor, Costa Rica le declaró la guerra a las potencias del eje y cualquier simpatía por la Alemania Nazi empezó a ser mal vista. El Dr. Calderón Guardia, además, se había aliado con el partido comunista, acérrimo enemigo de Cortés.

Con todo y todo, había un punto en que Cortés salía ganando en la comparación. Si bien es cierto que su gobierno fue autoritario y abusó del poder, su gestión se caracterizó por una eficiente e incuestionable administración de los recursos públicos. En el gobierno de Calderón Guardia, en cambio, imperó un desorden administrativo y fiscal y los casos de corrupción fueron frecuentes, notorios y a gran escala. La alianza con los comunistas, por otra parte, no acababa de gustarle a un amplio sector del electorado, especialmente por las acciones violentas que protagonizaban las brigadas de choque comunistas contra los opositores, en un tiempo en que, con el pretexto de la guerra mundial, las garantías individuales estaban suspendidas.

León Cortés fue candidato presidencial de nuevo en 1944, pero perdió ante Teodoro Picado en unas elecciones generalmente consideradas como fraudulentas en las que hasta hubo muertos. En las elecciones para diputados de 1946, León Cortés figuró de nuevo como líder de la oposición. Se repitieron las irregularidades y la violencia de los comicios anteriores. Prematuramente envejecido y enfermo, León Cortés murió el 3 de marzo de 1946.

Tras la guerra civil de 1948, su figura fue exaltada a nivel de héroe. Nadie recordaba entonces los abusos de su administración, sino su honradez como gobernante y su papel como líder de la oposición a los gobiernos de Calderón y Picado. Se le levantó el monumento en La Sabana y hasta se le dio su nombre a un cantón.

Sobre su figura, el historiador Carlos Calvo Gamboa publicó el libro León Cortés y su época. Se trata de un estudio minucioso y profundo al que, sin embargo, se le puede reclamar su posición sesgada. Más que una biografía, Calvo Gamboa quiso plantear una defensa del exgobernante. En su obra repasa las acciones del gobierno de Cortés, tanto las admirables como las cuestionables, pero trata siempre de explicar, justificar, hacer comprender las circunstancias y hasta invita a pasar por alto ciertas situaciones graves. En su afán por limpiar la imagen de Cortés, llega a justificar la censura de prensa, el afectuoso recibimiento a los marinos alemanes y la dura represión contra el partido comunista. Carlos Calvo Gamboa, incluso, se permite entrar en el pensamiento de los personajes históricos, especula sobre sus intenciones y motivos para actuar como lo hicieron. Minimiza las acciones antisemitas de Cortés afirmando que durante el período de Calderón Guardia fueron peores. Trata de hacer parecer como normal, lo que definitivamente fue irregular. Según él. cuando León Cortés ordenó disposiciones arbitrarias lo hizo por haber sido mal asesorado y todas las acciones ilegales de su administración fueron hechas a sus espaldas y sin su consentimiento. Considera injustas las críticas que ha recibido la administración Cortés, aunque su propio libro es una buena fuente de argumentos para criticar el gobierno que intenta defender.

Atribuye que León Cortés haya sido etiquetado como nazi a una campaña de difamación del partido comunista. En su argumentación logra, eso sí, destruir parte de la leyenda negra en torno a su figura. Mucho se ha hablado de la influencia de los colaboradores alemanes en el gobierno de Cortés. Algunos de los que comentan su gobierno se han dejado decir, sin documentos que lo prueben, que Max Effinger fue quien estuvo a cargo de la restricción de ingreso a inmigrantes judíos, cuando en realidad Effinger, ingeniero de profesión y director general de obras públicas durante el gobierno de Cortés, fue el responsable de instalar, entre otras muchas obras, la cañería de Puntarenas. Carl Hoelkenmayer y Albert Foortuniak, coordinaron trabajos eléctricos en el ferrocarril al Pacífico. Estos tres alemanes, además, fueron contratados durante la administración de don Cleto González Víquez y Cortés no hizo más que dejarlos en su cargo. Irónicamente, el libro no es capaz de mejorar la imagen de Cortés, pero sí logra limpiar el nombre de estos tres profesionales alemanes, cuyas ideas políticas no llegaron a conocerse.

En el prólogo del libro, don Carlos Meléndez Chaverri afirma que la severidad con que se juzga a León Cortés no deja de ser injusta. Innegablemente, durante su gobierno cometió errores, pero al haber sido víctima de un fraude en las elecciones de 1944. acabó convirtiéndose en el símbolo de la lucha por la pureza del sufragio. Ante esta aseveración, se podría recordar que, en las elecciones de 1938, el propio Cortés pasó por alto la voluntad popular manifestada en las urnas.

Sin lugar a dudas un personaje polémico y controversial, León Cortés no deja de ser una figura propia de su tiempo. En muchos países del mundo, los gobernantes autoritarios eran la norma general durante los años treinta y Costa Rica no fue la excepción y tuvo el suyo.

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